La puesta de cine como la apuesta social: Los cineclubes del Programa Vecinal de Cultura del GDF.
Jue, 2007-03-01 00:40
Más o menos en estos días pero del año pasado, cercanos los meses a la contienda electoral para elegir presidente de la república en una de las ediciones si no es que la más polémica de la Historia de México, un grupo de 30 personas, algunos coordinadores, gestores y promotores de cultura del Área de la Subdirección de Cultura Comunitaria instalamos la mesa de bienvenida en la Secretaría de Cultura del GDF para los grupos de vecinos de las 16 delegaciones del DF que inscribirían sus proyectos de cultura comunitaria en respuesta a la Convocatoria del Programa Vecinal de Cultura 2006. Este llamado institucional apoyaría las iniciativas quizá no las más innovadoras pero sí las más arriesgadas en sus diversos géneros: artes plásticas, talleres de danza, música, sobre el cuidado ambiental, creación literaria, periodismo, rescate de la memoria histórica, artes escénicas, ajedrez, fomento a la lectura, formación de bibliotecas, videotecas y por último cineclubes entre otras artes populares que la convocatoria no contemplaba pero que sin duda, de ellas hubo mucho de que aprender. La Convocatoria de Cultura Vecinal, hacía un llamado público y urgente para poner en práctica formas de organización social que ratificaran una política cultural participativa que promoviera las formas comunitarias.
Alrededor de 160 proyectos culturales que arrojaba la convocatoria del 2005 del PVC con un total de 71 proyectos de cineclubes, 20 promotores culturales conocedores todos ellos de la complejidad socio-política, territorial y cultural de las 16 delegaciones, realizábamos un primer balance de 346 proyectos nuevos que sumaban un total de 506 proyectos culturales donde los cineclubes se multiplicaban en una suerte de reproducción fractal parecidas a los modelos de Mandelbrot, una generación inédita de 83 proyectos de cineclub, añadiéndose otros tantos proyectos de cine-documental, de rescate de la memoria histórica y de talleres de periodismo comunitario. El Programa contemplaba para la mayoría de los proyectos un apoyo para realizar actividades artísticas y culturales en donde la organización cineclubista suponía una forma de trabajo conjunto, solidario, corresponsable y desde luego apartándose de las cajas-kinetoscopio que funcionaban con monedas, un servicio a la comunidad eminentemente gratuito.
Los promotores que tenían a su cargo un buen número de proyectos culturales, aplicaban estratégicamente con los cineclubes diversas metodologías de trabajo técnico y operativo mismo que compartían con los grupos de vecinos quienes reprodujeron y mejor aún experimentaron las suyas propias. “Cine callejero”, nacía en la delegación Álvaro Obregón, junto con “Cine club Zenón Delgado que rehabilitaba y salvaba un centro comunitario del completo olvido y del abandono. “Descubriendo un mundo” en San Bartolo Ameyalco en una auténtica apropiación de una brecha o calle donde los vecinos extendían una lona, amarraban cuerdas como si se tratara de las velas de barco donde ponían a remar a más de treinta niños sentados en sus sillas frente a las animaciones que salían de una pantalla, articulaban hibridamente el cineclubismo con los dotes semióticos de aquellos chamacos que pintaban sus monos después de la función para dejar testimonio de una palatable función. Eso era el cine no en la calle, eso era el cineclub en una vereda del pueblo más cercano al Desierto de los Leones, una de las zonas más apartadas de la oferta cultural de la misma delegación. “Zapata Cine comunitario” en Coyoacán revivía al personaje por quien llevaba el nombre con filmografías mexicanas, “Recinemación” era otro proyecto que le daba electrochoques a su comunidad para reanimarla de la cultura televisiva con programaciones de cine europeo, decían “a veces la gente no entendía la trama pero les gustaba discutir lo que se veía en las películas con tal de salirse de su casa”. En combate contra el tedio está la propuesta de ver el pasado en Imágenes como decía Robert A. Rosenstone. “Cine club educativo Cuauhximalli” en Cuajimalpa, “Cine Debate Ollin” en Iztapalapa, “Cine Popular mi barrio” en Miguel Hidalgo, “Descifrándonos en la Pantalla” en Tláhuac, “El cinito de San Andrés” en Tlalpan, “La Cara del viento” o “Sin Boleto me divierto” en Xochimilco reproducían, improvisaban e inventaban nuevas salas públicas, que ya no eran salas, sino banquetas-cinémas, algunas resultaban carpas cuando la lluvia escampaba y dejaba en franca amenaza al equipo reproductor, los sistemas de audio y los cables expuestos.
83 cineclubes que lidiaron con tiempos preelectorales, mal tiempo y escasez de público transeúnte. Cómo un gesto que avasallaba al temor, los proyectos de cineclub vecinal-se vincularon con los proyectos de cine-documental y compartieron un curso de apreciación cinematográfica en el Salón Fósforo de la UNAM impartido por Héctor Rivera un académico de la UNAM conocido por sus notas en la sección cine del semanario Proceso y discutieron con él los inicios del cine, pasando por los ejemplos silentes de los hermanos Lumière, Georges Méliès, E. S. Porter y la escuela de Brighton con la fortuna de haberse imaginado la velocidad de esos fotogramas con la sincronía auditiva y elegante musicalización que nos brindó la directora del Cinematógrafo Imperial Folia Lumière y pianista titular de la Filmoteca de la UNAM: Devora Silberer. Vecinos cineclubistas y promotores y coordinadores repasamos las corrientes del siglo XX y finalmente caímos en la cuenta de que el neorrealismo italiano no era un síntoma de la percepción visual, sino la cruda realidad que discutiríamos eventualmente en nuestros espacios de exhibición de cine de barrio, ambulante e itinerante. Otro fue el Primer Encuentro de Cine Documental de Vecinos realizado en el Foro Hugo Argüelles y en el Foro Ana María Hernández de Coyoacán, donde participaron 7 proyectos de cine documental y expusieron frente a especialistas de la Asociación de Documentalistas de México (ADOC), sus principales inquietudes y sus trabajos. Los vecinos fueron asesorados por un grupo de eminentes investigadores de la producción cinematográfica en su género documental cuyo exponente hoy finado Julio Pliego encabezará uno de los proyectos más importantes del rescate de la memoria histórica de está Asociación. Finalmente durante un periodo de 7 a 9 meses, los proyectos fueron consolidando un modus operandi para captar a su propio público, definir su propio perfil cómo prestadores de un insumo cultural gratuito y aparentemente intangible cuyo significado en el contexto urbano, de alta marginalidad, de falta de ofertas culturales y un exacerbado tedio visual, la proyección cinematográfica cobró una importancia para aprender entre sí y organizarse desde el corazón de sus comunidades en la toma de decisiones.
Palacio de Minería, Centro Histórico, Febrero 28 de 2007.





