Transformaciones del cineclubismo iberoamericano
Vie, 2010-07-02 00:37
Recientemente se han dado pasos significativos para mejorar las actividades audiovisuales desde el punto de vista de la producción, agilizando trámites para las filmaciones, brindando francos incentivos fiscales, organizando la promoción de convocatorias para concursos, ampliando la recepción de guiones, brindando talleres, impulsando al documental, promoviendo la participación en festivales internacionales, apoyando la filmación de óperas primas y permitiendo facilidades para organizar algunas muestras, por mencionar algunos de los aspectos más recurrentes.
Sin embargo, los renglones que permanecen en suspenso generalmente, son aquellos que tienen que ver con el reconocimiento explícito de los espacios permanentes para la difusión, la reunión y la formación de los públicos. Todavía son pocos y a contracorriente los lugares para conocer, ampliar y desarrollar pedagogías de la imagen. En un tiempo en el que estamos rodeados de las imágenes en movimiento, crecemos sin educación para mirarlas y relacionarnos crítica y activamente con ellas. Asimismo, el campo de publicaciones especializadas es muy limitado y son contadas las revistas que no dependen del pulso de las carteleras para subsistir. Algo ayudan las publicaciones electrónicas, pero es todavía poco en relación a la cantidad de títulos y cineastas que van apareciendo cotidianamente. Tampoco se conocen todavía demasiados catálogos públicos con realizaciones del mundo entero. Una falla común de los festivales, estriba en acumular una considerable cantidad de títulos que al terminar sus celebraciones, se quedan en las estanterías de las oficinas sin poder llegar sistemáticamente a un público. Existen excepciones, que infelizmente no son la regla general y todavía los cines nacionales no se hacen uno, con las embajadas y los institutos culturales a nivel internacional. Aparentemente homogéneo, Iberoamérica es un conjunto muy contrastante.
Positivo
El 30 de junio 2010, en Cataluña Julio Lamaña lanzó la noticia de que “esta mañana, a las 13,00h se ha votado en el Parlamento de Catalunya la nueva ley del cine. Ha salido adelante con 117 votos a favor y 17 en contra. Los cineclubs salen reforzados. Son considerados como agentes de la ley y por lo tanto interlocutores con la administración y se crea un fondo de ayuda para sus actividades. Estamos de enhorabuena en Cataluña y nos gustaría compartir con ustedes este momento de alegría.” De acuerdo con Felipe Macedo, “Después de años que marcaron una avance de las corporaciones internacionales en el sentido de limitar el acceso a los bienes culturales y controlar la circulación de la información, el conocimiento y la cultura - sobretodo con la creación de leyes de "derechos autorales", esa plusvalía que marca nuestra contemporaneidad - me parece que existe hoy una reacción internacional en el sentido de defender los cines y la producción audiovisual de los países. En ese movimiento de interés ciudadano, los cineclubs tienen un rol importante y están muy presentes en distintas iniciativas legales nacionales de preservación de las posibilidades de acceso a la producción. La ley de Cataluña, sin embargo, va más allá, al reconocer en nivel institucional a los cineclubs y crear un fondo de apoyo. Claro que eso no es un regalo, sino resultado de una labor, una lucha permanente y exitosa de nuestros compañeros y compañeras de Cataluña. Gracias por el ejemplo, felicitaciones por la victoria.”
Negativo
En México, a nivel federal, los circuitos culturales no han terminado de cuajar porque aún los mismos cineclubes localmente sufren de falta de perspectiva y formalidad, o las instituciones no cuentan con cuadros para llevar a cabo una transformación nacional que involucre el uso cultural de las películas financiadas por el Estado. En México las instituciones dedicadas a ello han quedado rebasadas y desde hace lustros, permanece sin conjugarse el actual directorio de exhibidores independientes en una red nacional mínima. En la Ciudad de México, después de cantar victoria por los significativos avances en la Ley de fomento al cine aprobada en diciembre de 2008, es necesario reconocer que hasta hoy siguen congeladas las posibilidades de estructurar nuevos modelos de difusión audiovisual. Las leyes sin reglamentos de poco sirven, y peor aún, esas palabras son más peligrosas cuando no han germinado en algo concreto, porque de un modo indolente se deja pasar el tiempo sin atender las demandas que suscitaron esas iniciativas, justificándose en los misteriosos tiempos de las burocracias. Quedan los cineastas que, a su vez, apuestan a competir en el panorama de las carteleras y el cine mexicano sigue maniatado a las agendas comerciales de las cadenas exhibidoras. No existe todavía un padrón nacional para reconocer y alentar los proyectos que sirvan a su comunidad, simultáneamente a la pérdida de soberanía que implican los planes de negocios diseñados en oficinas extranjeras, también debe revisarse la eficacia institucional hacia los grupos organizados para el préstamo de películas.
La esquina del público
Del lado de los cineclubes queda por verse la capacidad de los grupos para hacer valer realmente su autonomía, decidir e incidir en las políticas públicas, agrupar a las asociaciones y vincularse con instituciones dedicadas a ese rubro de la difusión cultural. Es el tiempo de las redes sociales alternativas, que por zona geográfica, región idiomática, coincidencias estratégicas y gustos comunes van estableciendo paulatinamente alianzas para difundir, profundizar, exhibir, estrenar y revisar el patrimonio audiovisual. La defensa de los derechos del público frente a las corporaciones que persiguen lucro, paradójicamente también se combina con la resistencia ante el clientelismo que practican algunas dependencias gubernamentales selectivamente. El derecho a la organización está por encima del ejercicio discrecional de recursos públicos. La atención a diversos sectores sociales amerita un diseño de políticas que paulatinamente vaya integrando a los aspirantes y beneficiarios en un vasto directorio que no dependa del cálculo de los funcionarios en turno sino del rigor y seriedad que le impriman los interesados. El mejoramiento de las condiciones de trabajo y estímulo, pasa por buscar las transformaciones pendientes en la auto-organización del público.




