Motivos para las asociaciones de cineclubes en América Latina
Dom, 2010-03-28 22:04
Los cineclubes actúan en la formación de públicos, cinéfilos y ciudadanos, y son muchos sus méritos en beneficio de la sociedad. Pese a trabajar muchas veces a contracorriente, la importancia de la misión cineclubista en la vida cultural de las escuelas y los barrios de las ciudades, se debe a que funcionan como un instrumento para complementar la diversidad y la pluralidad, ya que sus métodos de trabajo se basan en la presentación y diálogos alrededor de las películas, cuyo lenguaje artístico da visibilidad al mundo y a sus culturas.
Poniendo el derecho a la cultura por encima de los fines lucrativos, los cineclubes latinoamericanos comparten hoy intereses por asociarse. Después de pensarlo y recapitular sobre lo que no ha permitido que se concrete ese proyecto cíclico, es evidente que los motivos para formar asociaciones de cineclubes están en los beneficios que pueden dar el encontrar y brindar apoyo, solidaridad, encuentro, diálogo y capacitación para mejorar y profesionalizar colectivamente la tarea de la difusión cultural a través del cine.
La tradición de los cineclubes está enraizada en la historia de la cinematografía y en varias generaciones de entidades educativas, instituciones de difusión cultural y de extensión académica han estado presentes, pero hoy el cineclubismo también se vive en museos, centros culturales, galerías, cafés literarios, y en colonias de las ciudades en las que la oferta cultural es precaria.
Sin embargo no han podido arraigarse y consolidarse los esfuerzos por instrumentar entidades de cineclubes latinoamericanos y cíclicamente se presenta el desafío de agrupar, coordinar y potenciar a los cada vez más numerosos grupos que atienden la grave disparidad provocada por el lucro, el monopolio y la exclusión cultural del mercado.
La materia de trabajo del cineclub está en el patrimonio audiovisual, la memoria colectiva y la actualidad que se renueva permanentemente con los clásicos, las vanguardias y los contemporáneos del séptimo arte. Es infinito el horizonte de programación organizando ciclos y temporadas usando catálogos y videotecas públicas, coordinando muestras y trabajando con autores, festivales, escuelas, filmotecas, universidades, uniones de vecinos, embajadas, barrios, mercados, colonias, instituciones, entidades públicas y privadas, oficiales e independientes.
Para agrupar a esa diversidad de perfiles en un organismo que promueva y engrandezca las actividades de sus miembros, el requisito es que cada proyecto acredite a sus integrantes y genere hacia dentro de su grupo reflexiones sobre las posibilidades y formas para desarrollar, mejorar y depurar su trabajo.
Es necesario establecer un acuerdo que suscriban los interesados, comprometiéndose a cumplir ciertos requisitos. De ese modo, los cineclubes tendrían que generar sus propios estatutos e integrar cabalmente una asociación.
En los últimos años han sido varios los encuentros de donde se ha reiterado el compromiso por avanzar en la construcción de organizaciones. Lenta y simultáneamente, hoy se definen estos espacios también en términos de las nuevas leyes de fomento al cine. Queda a la sociedad construir sus puentes y concretar esas utopías que siguen vigentes.




