Nuevos retos para el público nuevo

Jue, 2009-04-30 20:32

Los resultados de la integración entre diversas regiones del mundo, se deben al aumento de intercambios durante la última década. Podemos celebrar que la Web 2.0, abrió las puertas definitivamente a las redes sociales, con nuevas plataformas de programación que rebasaron la idea mediocre de que Internet, serviría exclusivamente para fines comerciales. Como nunca antes, la tecnología es un vehículo que mueve cultura y a través de los formatos digitales, las sociedades han ido consolidando fuentes de conocimiento sobre la semejanza y la diferencia.
Poco a poco, el patrimonio se comparte masivamente y la globalización no es sólo relativa a marcas, tiendas y productos sino a puntos de vista, testimonios, estrategias y objetivos para encarar nuestro milenio. Pero, así como hay iniciativas constructivas que alimentan la idea de ciudadanía, lo virtual también conlleva otras repercusiones al deslocalizar y fragmentar la idea de pertenencia a las comunidades. No es un exceso considerar que la realidad virtual, a la vez que integra personas ubicadas con enormes distancias entre sí, también incluye el riesgo de perder la noción de las responsabilidades que a cada uno le corresponde en su propia esquina del mundo.
Cuando los ciudadanos actúan para transformar las relaciones perniciosas del entretenimiento tomado como simple consumo y diversión, se fortalecen los lazos y el sentido de la comunidad. En la Primera Conferencia Mundial del Cineclubismo en febrero de 2008 y en la Asamblea General de la Federación Internacional de Cine Clubes en diciembre pasado, se hizo evidente que la comunidad cineclubista internacional comparte y promueve la reflexión en torno a los Derechos del Público, como parte complementaria de los Derechos Humanos. Allí es preciso considerar a los nuevos públicos, compuestos por jóvenes para quienes resultan más familiares la televisión, los video juegos y la telefonía celular que el cine en sus versiones clásicas, modernas e incluso antiguas.
Por esos motivos, la Carta de Tabor de 1987, pronunciada al final de una asamblea internacional merece ser explicada y contextualizada en nuestros días, llenos de imágenes en movimiento y en donde los medios masivos -aunque poderosísimos- han dejado de ser las únicas formas de conocimiento y opinión pública. Es preciso desarrollar estrategias de difusión, que permitan revelar a las nuevas generaciones, que forman parte de una larga tradición de lucha civil por la cultura, independientemente de las desgastadas insignias y consignas políticas. Está en juego la salud de la diversidad cultural y generacional de este siglo.

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