Historia y vigencia del movimiento del público
Dom, 2008-02-24 22:10
El cineclubismo es una suma de movimientos sociales, estéticos y políticos que han alimentado la cultura cinematográfica ya que han servido como semillero de cineastas, plataformas de lanzamiento de obras que devienen clásicos, espacio de seminario así como escuela informal del cine. Mucho han ayudado la documentación y crítica de las revistas (impresas y electrónicas) que se generan en torno a estos espacios de difusión alternativa. Los cine clubes han estado presentes a lo largo de la historia del cine, a partir de que se comenzó a profundizar en las posibilidades plásticas y narrativas de su lenguaje compuesto por imágenes en movimiento. Su característica esencial, es que se trata de organizaciones del público asociado para realizar periódicamente, sesiones donde se ofrecen películas de todo tipo. Otro rasgo es que en todo el mundo se han desarrollado diversas interpretaciones del protocolo que incluye el anunciar, presentar, proyectar y comentar una película, sea cual sea su género, técnica o formato.
Todas las instituciones del cine provienen del cine club, ya que en sus manifiestos más antiguos están expresadas esas necesidades de la sociedad por integrar al campo educativo los medios audiovisuales. Así que los archivos, las cinetecas, las filmotecas, las salas especializadas y las escuelas de cine tienen su antecedente en esos centros que poco a poco se han ido enraizando y convirtiendo en instituciones dedicadas a difundir y conservar aquello que paulatinamente devino en patrimonio cultural de los pueblos. En las biografías de distinguidos autores cinematográficos (Joris Ivens, Manoel de Oliveira, Luis Buñuel, John Grierson, Germaine Dulac, Sergei Eisenstein, Cesare Zavattini, André Bazin, Jean-Luc Godard, Norman Mc Laren, entre muchos otros) está su paso por estas asociaciones y a su vez, todos los movimientos cinematográficos han tenido en los cine clubes las trincheras donde se han presentado las películas.
Respectivamente, los filmes han servido como pretexto para que se realicen carteles publicitarios pero también han sido motivo de visiones y opiniones que alimentan las revistas con las que puede conocerse también la historia de los cine clubes. Si las cintas hacen el papel de embajadores que se han presentado ante la opinión pública más interesada en conocer los adelantos y novedades del séptimo arte, los cineclubistas son los intérpretes y descubridores de las tendencias que han sellado cada época. El expresionismo alemán, la vanguardia soviética, el impresionismo y el surrealismo francés, la nouvelle vague francesa, el neorrealismo italiano, el nuevo cine latinoamericano, el tercer cine, además de diversos autores underground que después han alcanzado mayor popularidad, han encontrado en los cine clubes las capillas para dejar correr sus historias en pantalla.
Orígenes
Curiosamente el antecedente más remoto que conocemos de ese vocablo tuvo lugar en México en 1909, cuando el empresario Jorge Alcalde bautizó así a su salón ubicado en el edificio París de la calle de 5 de Mayo, llamándolo Cinematógrafo Cine Club. En ese lugar, poco más tarde exhibió los acontecimientos de la Revolución Mexicana a orillas del Río Bravo. En 1912, Jorge Alcalde junto a otros partidarios de Porfirio Díaz, dejó la ciudad y se embarcó hacia Francia. En París, siendo una importante ciudad en la que se dio a conocer el invento del cinematógrafo, el cine alcanzó una evolución mayor en sus primeros días. Hoy podemos conocer parte de lo ocurrido guiándonos por las publicaciones que han sobrevivido. En ellas sobresale el sentido estético y no faltan ni el rigor ni el humor. Al observarlas y analizarlas, queda claro que quienes las hicieron les dedicaron mucha pasión. Esos esfuerzos editoriales dieron a conocer las actualidades mundiales que harían historia. Louis Delluc lanzó una revista titulada Le Journal du Ciné-Club y organizó algunas funciones que contaron con invitados especiales. Esas conferencias dieron pie a la cultura del cineclubismo. Desde entonces, todo proyecto así realiza un trabajo editorial para proyectar y subrayar aquellos aspectos. Después de la Primera Guerra Mundial, y habiendo conocido ya los trabajos de la comedia estadounidense, la sociedad francesa experimentaba un gusto por las películas. En ese horizonte de entretenimiento, Delluc comprendió lo útil que sería organizar exhibiciones privadas para el público interesado en asistir y profundizar en la reflexión y pasión por las imágenes. A su vez, Ricciotto Canudo consiguió transmitir el sentido de reunir a todos los participantes de ese medio donde poco a poco se adquiría pericia técnica y riqueza conceptual para inspirarse en el teatro, la música, la pintura, la literatura, la arquitectura y la poesía. El lenguaje para el cine, remodeló la tradición artística clásica, inventando palabras y lanzando teorías. Canudo acuñó el concepto de Séptimo Arte y Delluc creó las palabras cineasta y fotogenia. Después de alejarse de Le Journal du Ciné-Club, Delluc inventó otra revista en 1923 que llamó Cinéa y que dirigió hasta antes de su muerte en 1924. Por su duración y consistencia, se convirtió con el tiempo en una de las publicaciones medulares de la cultura cinematográfica francesa. A su vez, la decisión de Delluc de proyectar El Gabinete del Doctor Caligari expresó por primera vez la argumentación del público que elegía y exigía ver una película determinada. La censura tuvo que ceder y se conquistó la primera victoria del cineclubismo internacional, que superaba sus fronteras nacionales y era capaz de importar aquellas obras que valían la pena.
Derivas
A las salas especializadas siguieron las federaciones principalmente en Europa, que tras la 2a Guerra Mundial recuperaron los lazos y la fraternidad entre los cineclubistas de diversas naciones que en 1947 se congregaron en la Federación Internacional de Cine Clubes (FICC), abriendo sus puertas a organismos de numerosos países. Entre sus directivos han figurado Georges Sadoul, Jean Painlevé, Thorold Dickinson, François Truffaut, Gianni Amelio y Paolo Minuto quien la preside actualmente. La institución ha extendido su alcance y en diversos países ha florecido su influencia. sumando representantes de Asia, Oceanía y Latinoamérica. La FICC creó el premio Don Quijote que otorga en numerosos festivales alrededor del mundo. En el marco del 60 Aniversario de la FICC, hoy son más de 40 países los que anualmente se congregan en Italia para asistir al Festival Internacional de Cine Clubes que ha servido como punto de encuentro y discusión para realizar diagnósticos y lanzar proyectos comunes. En el último lustro el cineclubismo global ha desarrollado sus comunidades utilizando herramientas digitales y participando en las redes sociales de Internet. El dinamismo de las nuevas generaciones ha ayudado a reinterpretar los valores del cineclubismo para profundizar y divulgar sus orígenes, así como sus perspectivas y retos actuales. En la Carta de Matera, firmada por una cuarentena de países en Italia en junio de 2006, se reconoció como objetivo el impulsar la institucionalidad de los cine clubes, reconociendo su aporte en la proyección de todo tipo de películas y formatos, en salas de cine así como en espacios no convencionales. También se propuso alentar la formación de públicos, la recuperación de salas y la creación de circuitos alternativos, buscando convenios con escuelas, festivales, museos, filmotecas y archivos fílmicos. La rearticulación es la palabra que trajo consigo la necesidad de difundir la actualidad de este movimiento ciudadano. En el 3er Encuentro Iberoamericano de Cine Clubes, celebrado en Santa Maria Rio Grande do Sul, Brasil, en julio 2007 se acordó organizar en México la Primera Conferencia Mundial del Cineclubismo. En noviembre de 2007, el Museo de Arte Carrillo Gil decidió impulsar entre sus actividades permanentes la realización del Cine Club Revolución con el fin de abrir un espacio en el museo para el séptimo arte, acondicionando una sala y preparando una programación por ciclos acompañados con mesas redondas.


