Cineclubismo y guerra
Mar, 2003-05-20 00:00

Al término de la Segunda Guerra Mundial, el espíritu de unidad entre la sociedad civil europea se proyectó en las instituciones y organismos dedicados a la colaboración entre amantes y promotores del cine.
Poco después de la fundación de la Organización de la Naciones Unidas (ONU), en 1947, se fundó la Federación Internacional de Cine Clubes (FICC) donde confluyeron asociaciones de distintas regiones europeas bajo un mismo fin. En medio del eco de la posguerra, surgieron los festivales y federaciones que durante más de cincuenta años han sido puntos de referencia en el mapa dominado por el cine comercial estadounidense.
Con el clima de la Guerra Fría se vivió también un episodio de resistencia cultural que se tradujo en diversos movimientos que a su vez, produjeron cineastas e historiadores con más conciencia de su papel frente a la sociedad. La apertura que se vivió entre 1970 y 1990 se debió también al impulso y vigor de la cinematografía mundial, difundida y apreciada en los circuitos alternativos de los cine clubes. Se superó “la muerte del cine” y más tarde cayó el muro de Berlín. Acabó el “miedo al comunismo” pero vivimos hoy en día con la amenza inflamada del terrorismo y la dictadura bélica de una democracia secuestrada.
Sin embargo, el cine goza de buena salud. Pese a la desazón internacional por la embestida angloamericana contra Irák, persiste la necesidad de oponer argumentos frente a la barbarie. El cine sigue siendo un pretexto ideal para reflexionar sobre los ingredientes de la coyuntura actual, así como las perspectivas del nuevo orden planetario. No cabe duda que hacen falta elementos para caracterizar a las culturas árabes y salir de la simplificación Occidental de los pueblos del Islám. En ese tormentoso horizonte, no importan los orígenes sino las comunidades que siguen apostando a la diversidad cultural por encima de fundamentalismos económicos, políticos o religiosos.




