Se mueve

Jue, 2006-04-06 14:23


El once de junio de 2005, terminó el Séptimo Festival Internacional de Cine Clubes y una vez más, el ombligo del mundo floreció en Reggio Calabria, el finisterre italiano que por cuarta ocasión en este siglo, recibió a los delegados provenientes de todos los rincones de la tierra.
Representantes de países asiáticos, americanos y europeos, nos dimos cita en el Cinema Aurora para asistir a la exhibición de 43 cortometrajes, 13 mediometrajes y 7 largometrajes provenientes de Afganistán, Alemania, Argentina, Bután, Catalunya, Colombia, Croacia, Cuba, Estonia, Francia, Hungría, India, Inglaterra, Irán, Italia, Líbano, México, Noruega, Palestina, Portugal, Serbia & Montenegro, Suiza y Ucrania. Se proyectaron películas y videos, y éstos destacaron por su cantidad, protagonizando estelarmente un renacimiento tanto en el lenguaje fílmico como de la distribución internacional.

“A contracorriente”, insistió Paolo Minuto -el incansable vicepresidente de la Federación Internacional de Cine Clubes (FICC)-, ya que los obstáculos tanto internos como externos, permiten diagnosticar que a pesar del crecimiento de países confederados, falta camino por andar para superar la mentalidad colonialista que predominó en la FICC a lo largo del siglo pasado. En vísperas de la próxima Asamblea General que se celebrará en Brasil en diciembre próximo, la federación vive una revolución interna y el euro centrismo que se desarrolló en sus primeros cincuenta años de historia, hoy en día no puede sino reconocer que el resto del mundo ofrece un panorama más rico y completo de la diversidad cultural internacional.

A su vez, el Festival Internacional de Cine Clubes también mostró las contradicciones a las que está expuesto el público organizado, que debe optar entre asistir a una cantidad considerable de películas o reducir el número y propiciar que se realicen los debates para cada una de las cintas. Sin embargo, por primera vez, se apreció la organización del grupo Iberoamericano que celebró varias reuniones y culminó publicando la Carta de Reggio Calabria, que reúne los puntos de un programa dedicado a ensanchar la cooperación internacional así como la difusión y organización del cineclubismo. Hubo ausencias notables, como la de la Asociación Checa de Cine Clubes, pero también pudo verse en Reggio Calabria, que la renovación generacional en todo el mundo goza de buena salud y que en cada una de los países convocados se encuentran los dinamos italianos.

Los encuentros regionales permiten afirmar que el trabajo realizado en el marco del festival auspiciado por la Federación Italiana de Cine Clubes y la Federación Internacional de Cine Clubes, es un punto de encuentro invaluable para propiciar la comunicación y retroalimentación, tanto de los actores como de los procesos que se viven actualmente. Sin embargo, a pesar de que algunas instituciones oficiales y los grandes medios de comunicación no se percatan de ello, el público organizado mantiene firme la idea que se sintetiza en una frase: Dénos una pantalla y moveremos al mundo.

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